¿Qué son?
La roncopatía y la apnea del sueño suelen ser complementarias. La roncopatía o ronquido, es el ruido que se produce cuando el aire pasa con dificultad a través de una vía respiratoria estrecha en la garganta, haciendo que los tejidos blandos (como el paladar o la úvula) vibren al respirar; por su parte, la apnea obstructiva del sueño (AOS), es un paso más allá del ronquido ya que la vía respiratoria no solo se estrecha, sino que se bloquea por completo durante unos segundos mientras la persona duerme. “Apnea” significa literalmente “pausa en la respiración” y cuando esto ocurre, el cerebro detecta la falta de oxígeno y envía una alerta rápida para “despertar” al cuerpo lo justo para que vuelva a respirar, interrumpiendo el sueño profundo de forma repetida durante toda la noche (a veces cientos de veces) y aunque la persona no lo recuerde al día siguiente, la calidad del sueño y del descanso se deteriora significativamente.
Causas
El colapso de la vía aérea puede ocurrir por múltiples factores anatómicos y/o por estilos de vida, como:
- Amígdalas o adenoides muy grandes (común en niños), un paladar blando alargado, una lengua gruesa que se va hacia atrás al relajarse, un mentón pequeño o desviación del tabique nasal (factores anatómicos).
- Exceso de tejido graso alrededor del cuello que presiona la vía aérea, facilitando que se cierre al dormir (sobrepeso y obesidad).
- Pérdida de tono muscular que se produce a medida que envejecemos, o por el consumo de alcohol y ciertos medicamentos relajantes antes de dormir que hacen que los músculos de la garganta se relajen más de la cuenta.
Síntomas
Los síntomas suelen dividirse entre lo que pasa de noche y lo que se siente de día:
De noche:
- Ronquidos fuertes y persistentes.
- Silencios repentinos seguidos de jadeos o ahogos (las pausas respiratorias).
- Despertares frecuentes o sueño muy inquieto.
De día:
- Cansancio extremo o un sueño incontrolable durante el día, sin importar cuántas horas se haya estado en la cama (hipersomnia).
- Dolor de cabeza al levantarse.
- Irritabilidad, problemas de concentración o fallos de memoria.
- Boca muy seca al despertar.
¿Cómo los tratamos?
Para determinar la gravedad de la apnea, el médico tratante realizará un estudio del sueño llamado polisomnografía, y de acuerdo con los resultados obtenidos, podrá recomendar cambios en el estilo de vida como bajar de peso, evitar el alcohol de noche y dormir de lado (en lugar de boca arriba), para casos leves.
Podrá también recomendar el uso de dispositivos de avance mandibular (DAM) como férulas hechas a medida por odontólogos especializados que se usan al dormir y tienen como función, empujar la mandíbula ligeramente hacia adelante para mantener la garganta abierta.
El tratamiento más utilizado y que ha dado mejores resultados en casos de apneas moderadas a severas, es una pequeña máquina que envía un flujo de aire constante a través de una mascarilla mientras se duerme, denominada Presión Positiva Continua en la Vía Aérea(CPAP por sus siglas en inglés). El dispositivo envía un “soplo” constante que impide que la garganta se colapse.
- Uvulopalatofaringoplastia (UPFP)
Algunos pacientes con alteraciones anatómicas muy claras en la nariz o la garganta, o que no toleran el uso de la máquina CPAP, pueden requerir la realización de un procedimiento quirúrgico y aunque existen varias opciones personalizadas según el lugar dónde esté la obstrucción, una de las más comunes es la Uvulopalatofaringoplastia (UPFP), a veces combinada con la extirpación de amígdalas.
La Uvulopalatofaringoplastia (UPFP) es un procedimiento que se realiza siempre bajo anestesia general y suele tardar entre 1 y 2 horas, dependiendo de la complejidad de la anatomía del paciente, en el cual el cirujano recorta o remodela el exceso de tejido en el fondo de la garganta (se reduce el paladar blando, se retira la úvula o “campanilla” si es muy larga y se quitan las amígdalas) para ensanchar permanentemente la vía respiratoria.
Finalizado el procedimiento, el paciente deberá cumplir estrictamente con el tratamiento de analgésicos que recetará el médico tratante ya que es una cirugía con un postoperatorio doloroso durante las primeras dos semanas (similar a una amigdalitis severa), adicionalmente durante los primeros 10 a 14 días se debe llevar una dieta líquida y blanda que no requiera esfuerzo para masticar ni raspe al tragar (purés, helados, gelatinas), evitando alimentos calientes, ácidos o picantes. También se recomendará al paciente evitar esfuerzos físicos intensos como levantar objetos pesados o hacer deportes por unas dos o tres semanas para reducir al mínimo el riesgo de sangrado en la zona operada.